
Las emociones influyen de forma innegable en nuestro comportamiento e incluso en nuestras decisiones más racionales, ¿por qué nos empeñamos en ignorarlas o taparlas? Están determinadas por nuestra memoria, nuestra atención, imaginación... e influyen de la misma forma en éstas. Nuestro cerebro dedica una parte importante a las mismas, por lo que obviarlas supone negar una parte importante de nuestra naturaleza. Las emociones consiguieron nuestra supervivencia, indicándonos dónde existía un peligro y por lo tanto debíamos luchar o correr. Con la formación de las sociedades (tal y como existen ahora), eso es impensable, lo que aumenta los casos de ansiedad o de inadaptación. Imagínate peleando físicamente con un conductor que se ha saltado el paso de cebra en el que ibas a cruzar, o algo similar, huir rápidamente de ese paso de cebra. Obviamente tu estado de ánimo, tu concentración, tus decisiones e incluso tus pensamientos no serán los mismos que estando en un lugar relajante.
Otro de los problemas que surge al pensar en las emociones es que existen seis emociones básicas: tristeza, miedo, alegría, ira, sorpresa y aversión; de las que sólo una es positiva. Eso sí, parecemos mucho mejores si sólo sentimos esta emoción y somos capaces de guardar las demás en lo más profundo de nuestro ser.
Ser consciente de nuestras emociones tiene un beneficio claro: podemos controlarlas y expresarlas de otra forma, pero SIEMPRE expresarlas.
Las emociones influyen incluso en nuestra percepción del dolor. Un nuevo estudio publicado en la Journal of General Internal Medicine: Sustained Pain Reduction Through Affective Self-awareness in Fibromyalgia: A Randomized Controlled Trial, revela los positivos resultados de una terapia para el dolor. Está basada en la conciencia y el control de las emociones. Según Schubiner, investigador del estudio, las emociones tienen influencia en la percepción, mantenimiento y resolución del dolor.
Los resultados obtenidos son muy positivos: el 46% de los pacientes con dolor informaba de una mejoría del 30%; lo que, para alguien que sufre dolor diariamente, es una gran mejoría.
La terapia consistía en hacer consciente a cada uno de sus emociones y aprender a gestionarlas (controlarlas y expresarlas).
Esta tarea no es sencilla, así que lo primero que debemos hacer es ser conscientes de las emociones que vamos teniendo a lo largo del día y de qué dependen estas emociones (pensamientos o situaciones). Una vez que seamos conscientes debemos aprender qué nos va bien para expresarlas o cómo queremos expresarlas: chillar, romper hojas de periódico, pintar, escribir, compartirlas... cada uno debe encontrar su fórmula.
Yo propongo que compartamos un "qué rabia da" o "me pone triste que".
* Lo que acabo de escribir no sirve como terapia, sino como una pequeña ayuda cuando no existe un problema. Pequeñas cosas para ser más feliz...
Me pone triste que nos exijamos tanto, o hayamos llegado al punto de tener que exigirnos tanto, que muchos no ven (o no pueden ver) la vida que les pasa por encima...
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